Chernobyl: El Olvido del Hombre

Muchas fechas celebramos al cabo del año, sin ir más lejos, el pasado 23 de abril celebramos el día internacional del libro, pero, quizás, la fecha que tanto a mí como a muchas personas de mi alrededor, personas de ciencia o que sin serlo, tienen una gran empatía humana, más nos ha marcado, fue Chernobyl… aquel, 26 de abril de 1986, yo tenía apenas un mes y poco de vida cuando sucedió y mi colaborador, David aún estaba en el vientre de su madre a falta de pocos días para nacer… Mis padres lo vivieron con angustia, porque sabían de las “consecuencias” que podrían venir a causa de esto. Crecí conociendo la historiapero cuando  llegué a la adolescencia,  ví un reportaje en televisión que me marcó tanto… que sería lo que definitivamente me haría querer conocer, qué sucedió, cómo, si se pudo haber evitado…

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Quizás por eso, cuando mi amigo Alejandro, me pasó unas emotivas líneas sobre este caso, (él es otra de esas personas que sería incapaz de describir en pocas palabras lo que es, lo que lo forja y significa en mi día a día, ya que, es un hombre que quizás no llegue a ser un “Nobel” pero que de él he aprendido tanto o más de lo que haya podido aprender por mi misma en muchas áreas) decidí que Chernobil no podía estar más tiempo en silencio, en el olvido, o seguir aguantando, como gente que no hace nada sea reconocida en cualquier lugar y no aquellas personas que evitaron que, por lo menos, el resto del mundo, no se convirtiese en un cementerio masivo.

Gracias a esos héroes no llego a tener la repercusión que pudo llegar a tener. Y este pequeño homenaje… va dedicado a ellos.

Alejandro, espero que te guste la forma en que he perpetuado tus palabras, no encontré una mejor manera de expresarlo, que con ellas y David, mil gracias, como siempre, por el aporte histórico de esa forma en que lo transmites

Inma WiseRaven

 A. Machado – Chernobyl: El Olvido del Hombre


Os invito a un paseo. El escenario de este paseo es una pequeña ciudad al norte de Ucrania, a unos 150Km por carretera desde Kiev, poco más de 2 horas de viaje por carreteras cada vez más angostas y que hace muchos años nadie se encarga de reparar, hasta que llegamos a un viejo cartel que nos marca la entrada a nuestra ciudad de destino.

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Cartel de entrada a Pripyat

 

Llegamos a Pripyat, una pequeña ciudad de unos 6.500Km2 cuya población actual asciende a un total de 0 habitantes.

Una ciudad donde la naturaleza se ha adueñado y reclama lo que una vez fue suyo.
Una ciudad anclada en el tiempo, donde la hoz y el martillo siguen como orgulloso estandarte de la otrora todopoderosa Unión Soviética.

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Dando un pequeño recorrido por la ciudad podemos dejarnos sobrecoger por su estado de perenne tranquilidad.

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Realmente la mera observación de imágenes de Pripyat es capaz de dejar a cualquiera sin aliento. Pero realmente no nos cogería por sorpresa, ya que para llegar habremos pasado por unos 30Km de similar panorama, precedidos de un control militar para darnos el acceso a la zona.

Y a estas alturas seguramente os estaríais preguntando ¿qué ha pasado aquí?, bueno, pues lo primero es presentar al “culpable” de todo, a unos 3Km, la central eléctrica nuclear memorial Vladímir Ilich Lenin, quizá más conocida como central nuclear de Chernobyl.

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Central nuclear a escasos kilómetros de Pripyat

 

Pero para poder entender que ha pasado tenemos que hacer un pequeño viaje en el tiempo. En concreto 29 años atrás, hasta 1986. Día 25 de abril. Un rutinario viernes primaveral para los casi 50.000 habitantes de Pripyat.

En la cercana y moderna central nuclear todo opera correctamente, hace menos de 3 años se ha construido un nuevo reactor, el 4º de la central, y hay otros 2 más proyectados, es el orgullo del pueblo, con los mejores sistemas y basado en el mejorado diseño de reactores RBMK-1000.

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En el nuevo grupo 4, se planificó una prueba de seguridad en la que se observaría el comportamiento del reactor en el supuesto de un corte de suministro eléctrico externo, ya que se desconocía si la turbina podría generar suficiente potencia para que funcionaran las bombas refrigerantes auxiliares mientras no arrancaban los generadores diésel, cosas que tardaría unos 40-50 segundos. Para ello lo que harían durante la prueba es simplemente cortar el suministro primario de vapor a la turbina y dejar que esta funcionara por inercia y comprobar si generaba la suficiente potencia.

Lo primero que era necesario hacer es reducir la potencia del reactor, cosa que se hizo paulatinamente y bajo las peticiones del regulador eléctrico de Kiev durante todo el día 25 de abril.

Tras el cambio de turno de personal, a las 0:00 del 26 de abril, la potencia del reactor estaba en torno a los 700MWt (megawatts térmicos), pero el ingeniero jefe adjunto Anatoly Dyatlov, quien supervisaba la ejecución de la prueba, ordeno seguir descendiendo la potencia, a lo cual el supervisor del turno de noche Alexander Akimov se opuso, ya que suponía una violación del reglamento de seguridad nuclear de la unión soviética. Finalmente ante las amenazas de Anatoly, se continuo bajando la potencia, en lo que sería la primera de las más de doscientas violaciones del reglamento que se cometerían en la siguiente hora.

El operador continuo insertando las barras de control, al llegar a los 500MWt por un fallo en el sistema automático de regulación, la potencia descendió bruscamente hasta los 30MWt, lo cual podía producir un cierre automático del reactor e incluso un envenenamiento por Xenón que dejaría el reactor inutilizable durante varios días.
Para evitar esto, se desconectaron diversos sistemas de protección automáticos, sacando de linea incluso al ordenador SKALA, encargado entre otras cosas de no dejar funcionar el reactor en regímenes de potencia tan bajos.
Además, ya en control manual, se sacaron las barras de control para volver a incrementar la potencia y estabilizarla por fin en los 200MWt.

Ordenador SKALA de la central de Leningrado, gemelo del que había en Chernobyl.

 

Era la 1:00 y aparentemente estaba todo bajo control, aunque con una excesiva acumulación de vapor, que se compensa bombeando más agua por los circuitos de refrigeración. Esto disminuye la reactivad, pero se corrige sacando aún más barras de control.
A la 1:22 solo había 8 de las 167 barras de boro que actúan como control insertadas en el núcleo. Las políticas de operatividad exigían un mínimo de 30.
1:23, se corta la alimentación de vapor de la turbina y comienza la prueba.
La energía en el reactor se comienza a incrementar a un ritmo vertiginoso, al tener los sistemas de seguridad desconectados no se detecta a tiempo.

1:23:40, el supervisor Akimov pulsa el botón de emergencia AZ-5 para introducir todas las barras de control en el reactor, pero no responde, posiblemente en este punto las barras y los mecanismos de inserción estuvieran ya deformados por el intenso calor. Se desconectan los sistemas de embrague para intentar una inserción por gravedad. Esto consigue que entren algo más de 2 metros antes de que la presión dentro del reactor las rompiese.
Apenas 10 segundos después, 1:23:49, la acumulación de vapor primero y el embalamiento neutrónico del reactor después, producen dos explosiones con menos de 3 segundos de diferencia entre ellas, que hacen saltar por los aires la tapa de 1.200 toneladas del reactor, liberando una lluvia de escombros de materia fisible, ademas de boro y grafito altamente radiactivos de las barras de control.

Se produjeron varios incendios estructurales debido a las explosiones, además de una gran masa fundida en que se convirtió el núcleo del reactor, la cual emitía una gran nube radiactiva hacía la atmósfera.

En este momento en la sala de control del reactor aún desconocían la gravedad de la situación, creían que había explotado unas de las baterías de vapor, quizá parte del circuito primario de refrigeración, pero se consideraba que el núcleo estaba cerrado y a salvo.

Se dio parte a la dotación de bomberos del ejercito asignados a la central y estos acudieron a controlar los incendios, aún desconocedores del peligro.

Las mediciones de radiación no pudieron ser precisas, pero se estima unos 20.000 röntgens por hora en las zonas más afectadas del edificio (la dosis letal de radiación se considera en 100 röntgens por hora).

A la mañana siguiente las primeras imágenes capturadas tras sobrevolar la central, demostrarían la magnitud de la catástrofe:

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Reactor nº4 tras la explosión

En este momento en Prypiat desconocían por completo el grave riesgo al que estaban expuestos, y no fue hasta 36 horas después cuando el ejercito rojo ejecutó el plan de evacuación de la ciudad cuando se percataron de la situación.
Esta evacuación de los primeros 10Km a la redonda de la central, se completo en apenas 3 horas, consiguiendo de esa manera dejar todo parado en el tiempo, desde pertenencias personales hasta documentación de las autoridades locales, todo quedó atrás.

Pocos día mas tarde se llevaría a cabo la evacuación de hasta 30Km a la redonda, configurando asi la actual zona de exclusión y afectando a la también cercana ciudad de Chernobyl.

En paralelo a estos planes de evacuación, helicópteros del ejercito arrojaban sin descanso una mezcla a base de arena, arcilla, boro y plomo sobre el magma incandescente de los restos del núcleo.
El 13 de mayo y tras más de 5.000 toneladas de material arrojado, se consiguió detener la emisión de radiación del núcleo.

El siguiente paso fue la limpieza de restos y la construcción de una gran estructura para confinar los restos del grupo 4 de la central, el llamado sarcófago en cuya construcción se invertirían más de 200 días y cuya vida útil se estimaba en unos 30 años.

Grupo 4 de Chernobyl con el sarcófago.

 

Durante las operaciones de limpieza, todo el material recogido se enterró en grandes cementerios en la zona, áreas que hoy en día siguen con una emisión de radiación extrema.

Cabe destacar la labor de estos héroes anónimos, que aun siendo conscientes del peligro, ayudaron a contener las ya de por si graves consecuencias del accidente.
Fueron conocidos como liquidadores y puede que nunca se les llegue a agradecer lo suficiente su labor.

Medalla entregada a los liquidadores, representa una gota de sangre atravesada por los 3 tipos de radiación.

 

También, como mención especial de zona radioactiva, esta el caso del bosque rojo, una gran extensión de pinos que tras la gran absorción de radiación adquirieron un color parduzco y que fueron talados y enterrados en el sitio, creando una de las zonas más contaminadas del mundo.

Bosque Rojo hoy en día.

 

Grandes depósitos de vehículos olvidados que participaron en la contención se pueden encontrar por todas partes como un recuerdo macabro.

Restos de vehículos militares usados durante la contención.

 

Sin embargo, a pesar de lo que se podría pensar, en el radio de 30Km de la zona de exclusión hoy en día la vida se ha abierto camino, la naturaleza ha seguido su curso, recuperando lo que una vez fue suya. Quizá la mejor demostración de la futilidad de la obra humana.

También la mano humana a pesar de todo ha seguido operando la central nuclear, los grupos 1, 2 y 3 siguieron operando con normalidad hasta el año 2000.

A día de hoy, 29 años después del fatídico accidente, esta en fase de construcción una nueva cúpula para los restos del reactor 4 que cubrirá al actual sarcófago y mantendrá confinada la radiación durante al menos 100 años más, y para los restantes reactores esta ya planificado su desmantelamiento gradual, siguiendo los mismos protocolos que en otras centrales nucleares.

Construcción del nuevo sarcófago.

 

Y así este será uno de los legados más terribles que nuestra erá dejará al futuro, este sarcófago que guarda en su interior el silencioso recuerdo de la arrogancia humana.

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